Impacto climático de la obsolescencia programada

Al mismo tiempo que nos hacemos más dependientes de la tecnología, en todos los ámbitos de nuestra vida, también se acorta la duración de los aparatos electrónicos. Esto es lo que se conoce como obsolescencia programada.

Los teléfonos, tabletas, computadoras portátiles, impresoras, lavadoras, entre otros electrodomésticos, tienen fecha de muerte, no anunciada pero si dispuesta por sus fabricantes.

La obsolescencia programada conduce a un círculo perverso: comprar, usar, tirar e incluso, a desear productos que no necesitamos, gracias a la persuasión permanente del marketing, estatus y confort, mediante.

Impacto climático

Resulta difícil imaginar cuánta contaminación produce la fabricación de los aparatos electrónicos, con actualizaciones cada vez más frecuentes: Un poco más de 48 millones de toneladas de CO2 anuales, son emitidas a la atmósfera por este concepto, monumental cifra revelada por la Oficina Europea del Medio Ambiente (European Environmental Bureau), en su informe de septiembre 2019.

Solo en la Unión Europea, la fabricación de teléfonos inteligentes genera 14,12 millones de toneladas de emisiones de CO2 al año, por consumo de energía y materiales para su fabricación; así como por la distribución y eliminación de los modelos obsoletos. Esto equivale a 72 % del total de emisiones que genera la producción de aparatos electrónicos.

Otro dato alarmante del mencionado informe: la Unión Europa dispone en stock más 632 millones de unidades de teléfonos móviles y las ventas anuales alcanzan 210 millones de dispositivos. El crecimiento de la demanda obedece a que son considerados productos de moda y a las actualizaciones frecuentes (software y hardware), por lo que suelen ser reemplazados antes de que se rompan o dañen, e incluso antes de quedar obsoletos.

Adicional a las emisiones de CO2, los productos electrónicos agravan el problema de los desechos sólidos. Solo en 2018, el mundo generó 48,5 millones de toneladas de basura tecnológica, lo que equivale al peso de todos los aviones jamás construidos, de acuerdo al informe más reciente de la ONU sobre el tema. Casi la mitad de la chatarra electrónica corresponde a dispositivos personales (computadoras, teléfonos móviles, tabletas, pantallas y televisores, entre otros).

¿Reprogramar la obsolescencia?

Alagar por un año la vida útil de cada uno de estos productos, podría reducir la emisión de cuatro millones de toneladas de CO2. Si se extendiera tres años más, e incluso hasta por cinco años, la emisión disminuiría 4,3 y 5,5 millones de toneladas, respectivamente, precisa el informe señalado.

Sin embargo, “reprogramar” la obsolescencia para ampliar la vida útil de los dispositivos, no es suficiente. Expertos, organizaciones ambientalistas y grupos ecologistas han planteado, por ejemplo, medidas legislativas que garanticen la “sostenibilidad” de los aparatos electrónicos mediante el mantenimiento, reutilización, actualización, reciclabilidad y gestión de residuos.

Otras propuestas incluyen: establecer multas por acortar el tiempo de utilidad; incluir la etiqueta de durabilidad en los productos y el pago obligatorio por los residuos, de parte de los fabricantes.

Sin lugar a dudas la obsolescencia programada es una práctica que genera jugosas ganancias como contaminación al planeta. Si no hay un cambio en los patrones de producción y consumo, el impacto climático de la cultura de “lo desechable” supondrá un costo demasiado alto para la vida en el planeta.

Por Haiman El Troudi

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