La acechanza planetaria: los efectos

Una rápida enumeración de las principales causas identificadas sobre la degradación terrestre, ocasionada por daños a la biósfera por parte de nuestra especie, fue el tema abordado en el artículo anterior.

El legado de los últimos dos siglos de vorágine humana, ha sido multiplicar los efectos devastadores sobre la salud medioambiental y pueden resumirse como sigue:

El cambio climático acreditado por el calentamiento de la temperatura global, consecuencia directa de los gases efecto invernaderos; la inversión térmica; la recurrencia de fenómenos meteorológicos extremos como huracanes, sequías, olas de frío y calor; la acidificación de océanos y su calentamiento; el deshielo de polos, el Himalaya y glaciares de cordilleras montañosas; el avance de los desiertos; los daños sobre la vida por la inusual sobreexposición a la luz ultravioleta debido al debilitamiento de la capa de ozono.

De igual forma, la salinización de zonas costeras, la lenta y sostenida pérdida de ciudades, pueblos, islas y líneas costeras a lo largo del mundo por el aumento del nivel del mar; la alteración del régimen de lluvias; el cambio de los patrones de floración vegetal y la alteración de los sistemas de polinización por cuenta de insectos y pequeños animales, cuya tasa poblacional se reduce aceleradamente; los efectos negativos sobre la salud respiratoria y ciertos tipos de cáncer; la cada vez más pronunciada escasez de recursos que supone crisis económicas, hambrunas y más pobreza acumulada, por consiguiente mayores tensiones sociales y propensión a desenlaces violentos.

Entre las consecuencias también debe sumarse la pérdida de biodiversidad animal y vegetal; la extinción de especies animales por sobreexplotación; el menoscabo del hábitat marino y terrestre que aseguran equilibrios ambientales (arrecifes de coral, manglares, bosque y selvas, llanuras, etc.); graves impactos sobre infraestructuras y economía regionales como resultado de grandes inundaciones o bien por sequías desencadenantes de incendios.

Otras secuelas: la proliferación de lluvias ácidas; la desertificación o pérdida de fertilidad de los suelos; el incremento de la carencia de recursos básicos como el agua potable; la diseminación de insectos y microorganismos patógenos o vectores de enfermedades; el perjuicio de la salud de las personas por contaminantes químicos y metales pesados; la modificación de los sistemas ecológicos y el incremento de varamientos de mamíferos marinos en playas, desorientados por la contaminación acústica; la muerte de peces por contaminación de las aguas con plásticos, también la acumulación de mercurio, cobre, plomo y cadmio en peces o pesticidas en plantas que al no metabolizarse, son transferidos por ingesta a millones de personas.

La migración de especies debido a la contaminación lumínica o por el cambio climático y su asentamiento en zonas no habituales, convirtiéndolas en especies invasoras; las migraciones de millones de personas desplazadas por la carencia de recursos, por hambre o por guerras derivadas de las tensiones surgidas tras la alteración de sus entornos naturales; incremento de la pobreza y las desigualdades dado el agotamiento de recursos.

El anterior listado da cuenta de situaciones reales que están ocurriendo. Conocerlas y sistematizarlas, es el punto de partida para hacerles frente. Existen cursos de solución que permiten atender tanto las causas como los efectos de la crisis ambiental que amenaza la vida humana en el planeta. Es absolutamente necesario y urgente formular un Plan Global que recopile el legajo de las acciones salvadoras, y dicha acción estratégica demanda modos audaces y radicalmente opuestos a la tímida labor realizada hasta ahora por el conjunto de naciones del mundo. Sobre este tema escribiremos en próximas entregas.

Por Haiman El Troudi

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